miércoles, 16 de octubre de 2013

Antología de poemas de Concha de Marco I

De Acta de identificación, 1969.


SE ESTA EXPERIMENTANDO UN CORAZÓN ARTIFICIAL

Cómo vas a llorar en ese día
que la angustia comprima tus arterias
y émbolos insensibles funcionen sin saberlo.

Cómo vas a gozar cuando el sentido
abarque en alto, luminoso instante,
la significación del universo,

juntas   las   penas   y  las   alegrías,
si tu existir está servido
por mecanismo de metal y vidrio.

Vas a poder dormir con ese ruido
o pararás el corazón al sueño
remuriendo tu muerte cada día.
            
Podrás sobrellevar la aterradora idea
de tu sangre estancada por la noche,
fermentando en las venas sin vigor,
los capilares del cerebro ciegos,
los sueños de cadáver flotando en tu conciencia,
el rezumar secreto de los órganos.

¿Por quién serás resucitado con el sol
al mover la clavija del autómata,

lázaro cotidiano, por qué Dios?

LOS MATEMÁTICOS DEL MUNDO PROTESTAN POR LA GUERRA EN EL VIETNAM

Que las cuentas no salen, señores del Imperio.
En Indochina se rebelan hasta los cardinales.
Rebasan el  papel, reúnen sus guerrillas en la selva
Vestidos con minúsculas prendas. Uno cuenta por mil
y mil por uno en igual voluntad de permanencia.

Os podéis sumergir hasta el delirio
en la profunda sima de los quanta,
elevar hasta límites contrarios
a distancias de mil kiloparsecs,
ahogaros sin aliento entre unidades angstrom,
plasmar en fórmulas el angular momento,
en fórmulas fijar el tiempo-espacio,
y manejar el Rayo de Creación del universo.
Las cuentas ya no salen, se alargan integrales,
enredan su incremento, prosperan con furor,
borran los mapas, su potencia numérica
aquilata la culpa.

            Volando en el espacio,
pesados logaritmos de la fuerza,
a los números simples, inocentes,
reducís a la última sustancia.

Pero el mundo está lleno de potenciales cifras,
exactas magnitudes que no fallan; amañadas las vuestras,
homicidas, sabéis bien que no cuadran.


LIBROS NUEVOS

Hay que estar callado, no hables tanto,
deja de afirmar tu existir con las palabras,
son igual a ese humo que se aleja.
Haz algo, crea.
Algo que fortalezca a los demás
y cuando tú te vayas permanezca.
Verdaderas palabras, el mensaje
que puedan entender generaciones nuevas,
y les ayude a sobrellevar
el peso de la escoria que gravita sobre ellas.


PETICIONES DE MANO

Venía de misa, bajo su paraguas,
Como era en principio.
Entraba en una tienda de los portales,
El pan nuestro de cada día dánosle hoy.
Su pelo gris y sus dientes sucios,
un libro en la mano, de canto dorado,
El Señor es contigo.
Triste sonrisa colgada de los años que se fueron,
pingües de dejaciones y paciencia.
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el Cielo.
Amores quemó muchos, imposibles y ocultos,
ninguno cierto, ninguna mano atenazó la suya con apremio.
No nos dejes caer en la tentación.

Patética sonríe, pronunciando
palabras sin valor, preguntas
que no esperan respuesta,
con monjil vocecilla de falsete,
asustada, tras su inútil sonrisa,
de los ojos ansiosos que devoran su semblante marchito,
y un caudal angustiado, incontenible,
de la sustancia anónima del alma penetra removiendo
las aguas pantanosas, el charco consumido
de la rutina triste de sus días.
Ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


CRIMEN PASIONAL

Te quiero tanto, tanto, que sueño con matarte,
y derramo sangre para nacerte luego,
mi ávido  corazón  amparando  tu  cuerpo  corrompido
en desvanes de rojo terciopelo.

Después entras en casa, levantas a los pájaros
y yo salgo, admirada de tenerte de nuevo,
a rodear con mis brazos tu presencia huidiza
y besar la mejilla que se escapa a mis dedos.

Y tengo que matarte para que estés conmigo,
amante y alejado, extraño y conocido,
seguro de tus actos, consciente de tu fuerza
dilapidas sustancias que no te pertenecen.

Yo, en  cambio,  he  de  sufrir para  que  el  mundo siga,
para que tenga objeto el sol que se levanta,
para que se desenvuelva la rueda de  los  días,
y otros, fuertes, distantes, seguros, la conduzcan.

LA MÚSICA

Qué día fue aquel, cuándo y en qué tiempo,
no hay bastantes lágrimas para llorarlo.
Cada nota arranca un sollozo a mi cuerpo
en la tarde de marzo.
Cuándo fue  y en qué siglo y en qué año,
quién cogía mi mano en despedida,
quién lloraba mi ausencia,
dónde está aquel pañuelo agitado en el aire,
qué niebla se enredaba entre los árboles,
cuál sería el perfume de aquella habitación
entre cortinas, de qué color.

Quién era, a dónde partía
y dónde estaba yo, con qué carne y qué alma.
Únicamente sé:
Las lágrimas que vierto eran las mismas lágrimas.

EL TEATRO

Es una eternidad para un momento.

La espera de horas largas
devana lenta y sola su madeja,
sobre la imagen próxima entreteje
fastuosos atributos de riqueza.

Las naranjas maduran y se incendian
en los azules muros de la tarde,
un piano avanza lento sobre una partitura,
bandas de golondrinas se vienen y se alejan.

Oigo su voz que llega, una puerta se abre,
Rápidos unos pasos se acercan a la mía,
verde vara de olivo cae sobre mi mesa,
y aquellos ojos, de lo profundo a mi raíz, me miran.

Nunca lo imaginado,  las  palabras
son tan distintas de las aprendidas.
Sólo noches, tinieblas y desiertos,
la ciega superficie de unas aguas sombrías.

EL CINE

Mujeres viejas, tristes,
en cines de barrio casi vacíos,
aposentadas en filas primeras,
a menudo suspiran
rezumando aguadas lágrimas de tedio
por sus  pieles  resecas,  sus  ajadas  ropas,
y se emocionan con la historia que pasa
en el cinemascope de caramelos de menta:
La millonaria rubia titilante de oro
y el esquivo galán tan atrayente.
En sus rostros, donde cincela el tiempo
el sello inconfundible del vacío mental,
a veces se perciben ráfagas de conocimiento,
locas de miedo a vivir demasiado,
o a morir mañana,
a la enfermedad de solemne aparato,
al catarro que acecha en la ventana abierta,
a la herida en el dedo,
al alimento en malas condiciones,
miedo de vivir la propia vida, y un deseo:
El anhelo brutal de arrebatar algo de las ajenas.

¿ESTÁ USTED SATISFECHO DE SU EMPLEO?

Alguien pasa, manos en los bolsillos,
los hombros encogidos en actitud de frío,
silba entre dientes quién sabe qué canción.
Sendero en el desmonte zigzaguea,
las piedras atirantan jirones de la niebla,
dos se persiguen rijando de placer
a la pálida luz de un horizonte
de tanques de petróleo, chimeneas y alambres.
La tierra se despierta, entre basuras,
un perro cojo y tuerto busca su ración.

Diciendo buenos días el guarda de la fábrica,
enciendo el eco días en ondas graves,
arrastradas en el aire mustio,
y chocan blandamente contra muros,
contra el cristal de las ventanas.
Las luces encendidas en los hangares
iluminan las máquinas vigías.
Su ruido mece el sueño del bloque de viviendas protegidas,
pardos cajones de ladrillo
con suficientes ventanas para respirar.

Graznan una tras otra las sirenas;
el pálido horizonte no se mueve.
Ahora empieza a chascar la gran trituradora,
la rueda del trabajo se pone en movimiento.
Hombres cansados, mujeres riñendo.
Cunde la niebla sucia, entreabre la mañana
sus gastadas cortinas de color gris azul.
Vuela un papel pudriendo sus mentiras.
Monótono rumor escapa de las fábricas
al devanar las vidas maquinales, los sueños incumplidos
y el porvenir seguro de los débiles.

EXTRANJEROS APÁTRIDAS

Vamos soltando amarras, compañero,
un día tras otro
abandonados cabos surcan la corriente
y caen al fondo.

Vamos  soltando  amarras,  deshaciendo  lazos
con sangre atados,
trenzas de juventud y de esperanza
ya sin arraigo.

Vamos soltando amarras, las más duras
se desgarran con furia
para que se hundan como peso muerto
en el agua turbia.

Vamos soltando amarras, compañero,
sólo nos queda una:
la hebra de amor y llanto que entrelaza
mi existencia y la tuya.

MURIÓ A LOS VEINTICINCO AÑOS

Niña, madre,
reflejo de mi imagen,
perdida la mirada más allá
del vago aroma de unas flores secas
hacia un lejano paisaje interior.

Madre, niña,
miro mis rasgos envejecidos
en la tersura de tus mejillas,
en el pliegue inocente de tu boca.
Tu pelo se me ha puesto blanco,
mira cuántas canas.
De aquel entonces sólo queda una trenza
de cándido color castaño claro,
envuelta en quebradizo papel de seda.

Niña, madre,
la blusa que llevabas,
absolutamente antiestética,
aún rodaba hecha trizas
por los baúles de la casa vieja,
con ballenitas sosteniendo el cuello
y un canesú muy feo sobre el hombro.

Madre, niña,
dónde estarán las flores polvorientas
que sostenías en mi mano,
dónde el telón de fondo
mentidor de palacios y jardines,
jarrones en que se desbordaban rosas blancas,
y esa mano,
esa mano permanente,
el pensamiento ingenuo,
el seno que me acogió después.

Madre, niña,
tiemblo hasta las raíces de mi vida
si intento penetrar en el misterio
de este cristal espejo que protege una sombra.
Ahí quedaste,
doblada la cabeza melancólicamente
escuchando un futuro que fluye y se prolonga
más allá del desierto de tu carne,
a través de este cuerpo en que te estoy viviendo.

APRENDA A DIBUJAR

Yo voy trazando imágenes de tiza
que el viento borra,
sobre suelos distintos, sobre papeles blancos
que la lluvia moja.

Voy trazando mi imagen dondequiera que voy,
a veces hasta creo que es completa,
y me encuentro a la vuelta del camino
la misma imagen incorrecta.

Voy trazando mi imagen en espejos,
afilando mis uñas sobre puertas cerradas,
y cada día vuelvo a grabar con sangre,
confusa e imperfecta, mi silueta gastada.




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