De Tarot,
1972.
VI
LOS
AMANTES
1
Hoy estoy tan
alegre
como si el mar
fuera mi propio cuerpo.
Pongo la mano
sobre el pecho y le escucho cantar
en continuadas
olas de armonía.
Esta mañana, a
las siete,
vibraba
silenciosa la luna allá en lo alto,
y mi amigo,
dormido,
soñaba en los
pinares de su niñez.
Y por qué tienes
esos ojos
y esa estatura y
ese pelo
y esas manos y
esa sonrisa
y ese ser como eres,
que viviendo a
tu lado
cuando por la
calle te encuentro
me parece un
milagro.
A veces te sigo,
vas pensativo,
juntas las manos
sobre la espalda.
Si hace viento,
despeina tu pelo blanco,
si llueve, te
vas mojando
como si la
lluvia no fuera contigo.
Y siempre
ecuánime, sereno,
con esa dignidad
de tu persona
y tanta
humanidad que te desborda.
Eres el árbol
a cuyo tronco se
abraza esta yedra
con más firmeza
cuanto pasan años.
Ternura de tus
horas para conmigo.
¿Qué hice yo
para merecer tanto?
2
Por qué lloras,
por qué,
hombrecito
delgado,
en la ancha
mañana solitaria de agosto,
con las tiendas
cerradas.
Te has puesto
una boinilla en tu anciana cabeza,
y un gran
pañuelo sin planchar y blanco
te llevas a los
ojos dulcemente.
Y me asombro de
la mansa serenidad de tus lágrimas,
pequeñas como tu
cuerpo y tu aflicción callada.
Te abruman los
cansancios, el del ocio,
el del gran
sabanazo tormentoso
de este cielo
sin nubes definidas, como tus penas.
Te abruman los
minutos que aún se arrastran
hasta que llegue
la hora de comer
y subir a tu
casa en donde te darán
un arroz sin
sustancia y un poco de pescado.
Te abruma la
inactividad,
el paso de tus
horas con las manos vacías.
Por qué lloras,
hombrecito delgado y solitario,
ese llanto sin
fuerza en un pañuelo blanco,
mientras paso
cargada de compras,
sin poder
detenerme
ni atreverme
a decirte tan
solo:
«¿Puedo remediar
algo de tu tristeza?»
EL DIABLO
1
No lleva
antifaz,
ni viste de
rojo,
ni se acerca
amigable preparando la trampa
En un amplio
despacho,
sentado ante su
mesa
de espaldas a la
luz
recibe a quien
presenta instancia.
Las palabras,
los silencios,
el ademán
nervioso de una mano,
todo se
registra.
Corto es el
diálogo,
pues el
peticionario
acepta las
condiciones requeridas
y firma.
Dicen que con
sangre.
Espíritu del
mal, activo y eficiente,
protege al
depravado,
concediéndole
honores y riqueza,
salud, felicidad
y larga vida.
La deuda ha de
pagarse
en una
problemática existencia,
pues el
infierno,
según las
investigaciones más recientes,
se ha convertido
en tema medieval.
EL DIABLO
2
No se acerca
espontáneo.
En un amplio
despacho,
sentado ante su
mesa,
de espaldas a la
luz,
recibe a quien
desesperado
ha presentado
instancia.
Las palabras,
los silencios,
el llanto,
la visión de
esos niños hambrientos
de enormes ojos y
vientres dilatados,
el resto un
pulpo de resecos huesos
y cabeza que
apenas puede ser sostenida por el cuello
nunca son
grabados,
tampoco la
peste,
ni el soldado
crucificado en la alambrada,
ni el ensartado
por las bayonetas
ante el regocijo
de los vencedores,
ni las entrañas
destrozadas por los buitres.
Protege al
depravado,
concédele salud,
felicidad, riqueza,
honores, larga
vida.
Y el infeliz de
limpio corazón castiga.
No podéis
invocarle, no os escucha.
Y somete al
espíritu indefenso
que teme su
venganza.
Contéstame, ante
ti estoy,
separada por la
solemne mesa de símbolos.
¿Qué hiciste con
aquella a quien yo más quería?
Sobrevive con su
resignación y en la esperanza
de una vida
mejor.
Pero el cielo,
según las
investigaciones más recientes
se ha reducido a
un tema medieval.
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