miércoles, 16 de octubre de 2013

Antología de poemas de Concha de Marco III

De Tarot, 1972.

VI
LOS AMANTES
1

Hoy estoy tan alegre
como si el mar fuera mi propio cuerpo.
Pongo la mano sobre el pecho y le escucho cantar
en continuadas olas de armonía.
Esta mañana, a las siete,
vibraba silenciosa la luna allá en lo alto,
y mi amigo, dormido,
soñaba en los pinares de su niñez.

Y por qué tienes esos ojos
y esa estatura y ese pelo
y esas manos y esa sonrisa
y ese ser como eres,
que viviendo a tu lado
cuando por la calle te encuentro
me parece un milagro.

A veces te sigo, vas pensativo,
juntas las manos sobre la espalda.
Si hace viento, despeina tu pelo blanco,
si llueve, te vas mojando
como si la lluvia no fuera contigo.
Y siempre ecuánime, sereno,
con esa dignidad de tu persona
y tanta humanidad que te desborda.

Eres el árbol
a cuyo tronco se abraza esta yedra
con más firmeza cuanto pasan años.
Ternura de tus horas para conmigo.
¿Qué hice yo para merecer tanto?

                        

LA FUERZA

2

Por qué lloras,
por qué,
hombrecito delgado,
en la ancha mañana solitaria de agosto,
con las tiendas cerradas.

Te has puesto una boinilla en tu anciana cabeza,
y un gran pañuelo sin planchar y blanco
te llevas a los ojos dulcemente.
Y me asombro de la mansa serenidad de tus lágrimas,
pequeñas como tu cuerpo y tu aflicción callada.
Te abruman los cansancios, el del ocio,
el del gran sabanazo tormentoso
de este cielo sin nubes definidas, como tus penas.
Te abruman los minutos que aún se arrastran
hasta que llegue la hora de comer
y subir a tu casa en donde te darán
un arroz sin sustancia y un poco de pescado.
Te abruma la inactividad,
el paso de tus horas con las manos vacías.

Por qué lloras, hombrecito delgado y solitario,
ese llanto sin fuerza en un pañuelo blanco,
mientras paso cargada de compras,
sin poder detenerme
ni atreverme
a decirte tan solo:
«¿Puedo remediar algo de tu tristeza?»



EL DIABLO

1
No lleva antifaz,
ni viste de rojo,
ni se acerca amigable preparando la trampa
En un amplio despacho,
sentado ante su mesa
de espaldas a la luz
recibe a quien presenta instancia.
Las palabras,
los silencios,
el ademán nervioso de una mano,
todo se registra.
Corto es el diálogo,
pues el peticionario
acepta las condiciones requeridas
y firma.
Dicen que con sangre.
Espíritu del mal, activo y eficiente,
protege al depravado,
concediéndole honores y riqueza,
salud, felicidad y larga vida.

La deuda ha de pagarse
en una problemática existencia,
pues el infierno,
según las investigaciones más recientes,
se ha convertido en tema medieval.

EL DIABLO

2
No se acerca espontáneo.
En un amplio despacho,
sentado ante su mesa,
de espaldas a la luz,
recibe a quien desesperado
ha presentado instancia.
Las palabras,
los silencios, el llanto,
la visión de esos niños hambrientos
de enormes ojos y vientres dilatados,
el resto un pulpo de resecos huesos
y cabeza que apenas puede ser sostenida por el cuello
nunca son grabados,
tampoco la peste,
ni el soldado crucificado en la alambrada,
ni el ensartado por las bayonetas
ante el regocijo de los vencedores,
ni las entrañas destrozadas por los buitres.
Protege al depravado,
concédele salud, felicidad, riqueza,
honores, larga vida.
Y el infeliz de limpio corazón castiga.
No podéis invocarle, no os escucha.
Y somete al espíritu indefenso
que teme su venganza.

Contéstame, ante ti estoy,
separada por la solemne mesa de símbolos.
¿Qué hiciste con aquella a quien yo más quería?
Sobrevive con su resignación y en la esperanza
de una vida mejor.
Pero el cielo,
según las investigaciones más recientes
se ha reducido a un tema medieval.
















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