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Eduardo
Alba
Fiamma Pascual
Sofía Muñoz
Luis Chicharro
¡Confiturera, frene la euforia!Un arquitecto escuálido llamado Aurelio (o Eulalio, no estoy seguro) dice que lo más auténtico es tener un abuelito que lleve un traje reticulado y siga el arquetipo de aquel viejo reumático, desahuciado y repudiado, que consiguiera en su tiempo ser esquilado por un comunicante que cometió adulterio con una encubridora cerca del estanquillo (sin usar estimulador).Señora escritora: si el peliagudo enunciado de la ecuación la deja irresoluta, olvide su menstruación y piense de modo jerárquico. No se atragante con esta perturbación, que no va con su milonguera y meticulosa educación, y repita conmigo, como diría Cantinflas: ¡Lo que es la falta de ignorancia!
LA ARDILLA Y EL CABALLO
Mirando estaba una ardilla
a un generoso alazán,
que dócil a espuela y rienda,
se adiestraba en galopar.
Viéndole hacer movimientos
tan veloces y a compás,
de aquesta suerte le dijo
con muy poca cortedad:
"Señor mío,
de ese brío,
ligereza
y destreza
no me espanto
que otro tanto
suelo hacer, y acaso más.
Yo soy viva,
soy activa,
me meneo,
me paseo,
yo trabajo,
subo y bajo
no me estoy quieta jamás."
"Tantas idasEl paso detiene entonces
el buen potro, y muy formal
en los términos siguientes
respuesta a la ardilla da:
Yo me afano;
mas no en vano.
Sé mi oficio,
y en servicio
de mi dueño,
tengo empeño
de lucir mi habilidad."
Conque algunos escritores
ardillas también serán
si en obras frívolas gastan
todo el color natural.
Tomás de Iriarte, fabulista, (1750-1791)