De Acta
de identificación, 1969.
SE ESTA
EXPERIMENTANDO UN CORAZÓN ARTIFICIAL
Cómo vas a
llorar en ese día
que la angustia
comprima tus arterias
y émbolos
insensibles funcionen sin saberlo.
Cómo vas a gozar
cuando el sentido
abarque en alto,
luminoso instante,
la significación del
universo,
juntas las
penas y las
alegrías,
si tu existir está servido
por mecanismo de
metal y vidrio.
Vas a poder
dormir con ese ruido
o pararás el
corazón al sueño
remuriendo tu
muerte cada día.
Podrás sobrellevar
la aterradora idea
de tu sangre
estancada por la noche,
fermentando en
las venas sin vigor,
los capilares
del cerebro ciegos,
los sueños de
cadáver flotando en tu conciencia,
el rezumar
secreto de los órganos.
¿Por quién serás
resucitado con el sol
al mover la
clavija del autómata,
lázaro
cotidiano, por qué Dios?
LOS
MATEMÁTICOS DEL MUNDO PROTESTAN POR LA GUERRA
EN EL VIETNAM
Que las cuentas
no salen, señores del Imperio.
En Indochina se
rebelan hasta los cardinales.
Rebasan el papel, reúnen sus guerrillas en la selva
Vestidos con
minúsculas prendas. Uno cuenta por mil
y mil por uno en igual
voluntad de permanencia.
Os podéis sumergir
hasta el delirio
en la profunda
sima de los quanta,
elevar hasta
límites contrarios
a distancias de mil kiloparsecs,
ahogaros sin
aliento entre unidades angstrom,
plasmar en
fórmulas el angular momento,
en fórmulas fijar el tiempo-espacio,
y manejar el Rayo de Creación del universo.
Las cuentas ya
no salen, se alargan integrales,
enredan su
incremento, prosperan con furor,
borran los
mapas, su potencia numérica
aquilata la
culpa.
Volando en el espacio,
pesados
logaritmos de la fuerza,
a los números
simples, inocentes,
reducís a la
última sustancia.
Pero el mundo
está lleno de potenciales cifras,
exactas magnitudes
que no fallan; amañadas las vuestras,
homicidas,
sabéis bien que no cuadran.
LIBROS
NUEVOS
Hay que estar
callado, no hables tanto,
deja de afirmar
tu existir con las palabras,
son igual a ese
humo que se aleja.
Haz algo, crea.
Algo que
fortalezca a los demás
y cuando tú te
vayas permanezca.
Verdaderas
palabras, el mensaje
que puedan
entender generaciones nuevas,
y les ayude a
sobrellevar
el peso de la
escoria que gravita sobre ellas.
PETICIONES
DE MANO
Venía de misa,
bajo su paraguas,
Como era en
principio.
Entraba en una
tienda de los portales,
El pan nuestro de cada día dánosle hoy.
Su pelo gris y
sus dientes sucios,
un libro en la
mano, de canto dorado,
El Señor es
contigo.
Triste sonrisa
colgada de los años que se fueron,
pingües de dejaciones y paciencia.
Hágase tu voluntad así
en la tierra como en el Cielo.
Amores quemó muchos,
imposibles y ocultos,
ninguno cierto,
ninguna mano atenazó la suya con apremio.
No nos dejes caer en
la tentación.
Patética sonríe,
pronunciando
palabras sin
valor, preguntas
que no esperan
respuesta,
con monjil vocecilla
de falsete,
asustada, tras
su inútil sonrisa,
de los ojos ansiosos
que devoran su semblante marchito,
y un caudal
angustiado, incontenible,
de la sustancia
anónima del alma penetra removiendo
las aguas
pantanosas, el charco consumido
de la rutina
triste de sus días.
Ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
CRIMEN
PASIONAL
Te quiero tanto,
tanto, que sueño con matarte,
y derramo sangre
para nacerte luego,
mi ávido corazón
amparando tu cuerpo
corrompido
en desvanes de
rojo terciopelo.
Después entras
en casa, levantas a los pájaros
y yo salgo, admirada
de tenerte de nuevo,
a rodear con mis
brazos tu presencia huidiza
y besar la
mejilla que se escapa a mis dedos.
Y tengo que
matarte para que estés conmigo,
amante y
alejado, extraño y conocido,
seguro de tus
actos, consciente de tu fuerza
dilapidas
sustancias que no te pertenecen.
Yo, en cambio,
he de sufrir para
que el mundo siga,
para que tenga objeto
el sol que se levanta,
para que se
desenvuelva la rueda de los días,
y otros,
fuertes, distantes, seguros, la conduzcan.
Qué día fue aquel,
cuándo y en qué tiempo,
no hay bastantes lágrimas para llorarlo.
Cada nota
arranca un sollozo a mi cuerpo
en la tarde de marzo.
Cuándo fue y en qué siglo y en qué año,
quién cogía mi mano en despedida,
quién lloraba mi ausencia,
dónde está aquel pañuelo agitado en el aire,
qué niebla se enredaba entre los árboles,
cuál sería el
perfume de aquella habitación
entre cortinas, de qué
color.
Quién era, a dónde partía
y dónde estaba
yo, con qué carne y qué alma.
Únicamente sé:
Las lágrimas que
vierto eran las mismas lágrimas.
EL TEATRO
Es una eternidad
para un momento.
La espera de horas largas
devana lenta y
sola su madeja,
sobre la imagen
próxima entreteje
fastuosos
atributos de riqueza.
Las naranjas
maduran y se incendian
en los azules
muros de la tarde,
un piano avanza lento
sobre una partitura,
bandas de
golondrinas se vienen y se alejan.
Oigo su voz que llega, una puerta se abre,
Rápidos unos
pasos se acercan a la mía,
verde vara de olivo
cae sobre mi mesa,
y aquellos ojos, de lo profundo a mi raíz, me
miran.
Nunca lo imaginado, las
palabras
son tan distintas
de las aprendidas.
Sólo noches, tinieblas
y desiertos,
la ciega superficie
de unas aguas sombrías.
EL CINE
Mujeres viejas, tristes,
en cines de barrio casi vacíos,
aposentadas en
filas primeras,
a menudo
suspiran
rezumando
aguadas lágrimas de tedio
por sus pieles
resecas, sus ajadas
ropas,
y se emocionan
con la historia que pasa
en el
cinemascope de caramelos de menta:
La millonaria
rubia titilante de oro
y el esquivo
galán tan atrayente.
En sus rostros,
donde cincela el tiempo
el sello
inconfundible del vacío mental,
a veces se
perciben ráfagas de conocimiento,
locas de miedo a
vivir demasiado,
o a morir mañana,
a la enfermedad
de solemne aparato,
al catarro que acecha en la ventana abierta,
a la herida en el dedo,
al alimento en malas condiciones,
miedo de vivir la propia vida, y un deseo:
El anhelo brutal
de arrebatar algo de las ajenas.
¿ESTÁ USTED SATISFECHO DE
SU EMPLEO?
Alguien pasa, manos en los bolsillos,
los hombros
encogidos en actitud de frío,
silba entre
dientes quién sabe qué canción.
Sendero en el
desmonte zigzaguea,
las piedras
atirantan jirones de la niebla,
dos se persiguen
rijando de placer
a la pálida luz
de un horizonte
de tanques de
petróleo, chimeneas y alambres.
La tierra se
despierta, entre basuras,
un perro cojo y
tuerto busca su ración.
Diciendo buenos
días el guarda de la fábrica,
enciendo el eco
días en ondas graves,
arrastradas en el aire mustio,
y chocan
blandamente contra muros,
contra el cristal de las ventanas.
Las luces
encendidas en los hangares
iluminan las máquinas vigías.
Su ruido mece el sueño del bloque de viviendas
protegidas,
pardos cajones de ladrillo
con suficientes ventanas para respirar.
Graznan una tras otra las sirenas;
el pálido horizonte no se mueve.
Ahora empieza a chascar la gran trituradora,
la rueda del trabajo se pone en movimiento.
Hombres cansados, mujeres riñendo.
Cunde la niebla sucia, entreabre la mañana
sus gastadas cortinas de color gris azul.
Vuela un papel pudriendo sus mentiras.
Monótono rumor escapa de las fábricas
al devanar las vidas maquinales, los sueños incumplidos
y el porvenir seguro de los débiles.
EXTRANJEROS
APÁTRIDAS
Vamos soltando
amarras, compañero,
un día tras otro
abandonados
cabos surcan la corriente
y caen al fondo.
Vamos soltando
amarras, deshaciendo lazos
con sangre atados,
trenzas de
juventud y de esperanza
ya sin arraigo.
Vamos soltando
amarras, las más duras
se desgarran con furia
para que se
hundan como peso muerto
en el agua
turbia.
Vamos soltando
amarras, compañero,
sólo nos queda una:
la hebra de amor y
llanto que entrelaza
mi existencia y
la tuya.
MURIÓ A LOS VEINTICINCO AÑOS
Niña, madre,
reflejo de mi imagen,
perdida la mirada más allá
del vago aroma
de unas flores secas
hacia un lejano
paisaje interior.
Madre, niña,
miro mis rasgos
envejecidos
en la tersura de
tus mejillas,
en el pliegue
inocente de tu boca.
Tu pelo se me ha
puesto blanco,
mira cuántas
canas.
De aquel entonces sólo
queda una trenza
de cándido color
castaño claro,
envuelta en
quebradizo papel de seda.
Niña, madre,
la blusa que
llevabas,
absolutamente antiestética,
aún
rodaba hecha trizas
por los baúles de la
casa vieja,
con ballenitas
sosteniendo el cuello
y un canesú muy
feo sobre el hombro.
Madre, niña,
dónde estarán
las flores polvorientas
que sostenías en
mi mano,
dónde el telón
de fondo
mentidor de
palacios y jardines,
jarrones en que
se desbordaban rosas blancas,
y esa mano,
esa mano
permanente,
el pensamiento
ingenuo,
el seno que me
acogió después.
Madre, niña,
tiemblo hasta
las raíces de mi vida
si intento
penetrar en el misterio
de este cristal
espejo que protege una sombra.
Ahí quedaste,
doblada la
cabeza melancólicamente
escuchando un
futuro que fluye y se prolonga
más allá del
desierto de tu carne,
a través de este
cuerpo en que te estoy viviendo.
APRENDA A
DIBUJAR
Yo voy trazando
imágenes de tiza
que el viento borra,
sobre suelos
distintos, sobre papeles blancos
que la lluvia
moja.
Voy trazando mi
imagen dondequiera que voy,
a veces hasta
creo que es completa,
y me encuentro a
la vuelta del camino
la misma imagen
incorrecta.
Voy trazando mi
imagen en espejos,
afilando mis
uñas sobre puertas cerradas,
y cada día
vuelvo a grabar con sangre,
confusa e
imperfecta, mi silueta gastada.
Extraordinaria poeta y familiar
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